Cordobán

El cordobán es la piel curtida de cabra o macho cabrio, de gran calidad, curtida generalmente con zumaque. El zumaque es una planta que proporciona a las pieles una calidad muy superior respecto al empleo de otros curtientes vegetales, como la corteza de encina o pino. La gran perfección de esta piel, caracterizada por su gran flexibilidad, suavidad resistencia y durabilidad, determina su prestigio siendo muy cotizada para la confección de gran variedad de objetos.

Desde época medieval, el cordobán se empleaba para la aplicación y recubrimiento de arquetas, cofres, baúles, estuches y en la fabricación de lujosos zapatos y guantes. Pese a su finalidad utilitaria, el cordobán en muchas ocasiones estaba decorado y ornamentado con motivos pintados, repujados, grabados, incizados, calados, realzando así su valor y suntuosidad.

Córdoba es el primer y el más grande centro productor de este tipo de piel, pero rápidamente se producción se extenderá por toda la península, denominándose cordobanes a todas las pieles de estas características aunque no estuvieran realizadas propiamente en esta ciudad. En la Córdoba hispanoárabe se creará el cordobán a partir de la introducción de las técnicas de curtición árabes y el aprovechamiento de sus inmejorables recursos naturales, la piel de cabra y el zumaque. Muy pronto los cordobanes alcanzaron una gran fama y renombre, siendo exportados por toda Europa occidental y las colonias españolas de América. Debido a la gran exportación de que fueron objeto se dictaron varias disposiciones para limitar su comercio exterior, a fin de evitar se escasez y encarecimiento en el mercado peninsular.

Guadamecí

El guadamecí es una técnica de trabajo artístico de la piel, que se caracteriza por la aplicación, sobre la piel ya curtida, de una fina lámina de plata como capa de preparación, para pintar o policromar de forma duradera la piel. Posteriormente se podían pintar distintos motivos decorativos y ferretear la superficie.

El soporte del guadamecí es badana, piel de carnero u oveja ya curtida (curtición vegetal), siendo muy importante la perfección de la piel utilizada para conseguir un resultado excelente. El guadamecí tiene una funcionalidad claramente estética, decorativa y suntuaria. Su principal uso era el recubrimiento mural de interiores, pero también se utilizaba en el tapizado de sillas y sillones, en la confección de cojines, biombos, cobertores de cama, cortinas, alfombras, y recubrimiento de arquetas y cofres. Los rasgos originarios y diferenciadores del guadamecí con el cordoban son el tipo de piel utilizados y los fondos dorados. La piel es plateada en primer lugar; despues se añade corladura en las partes que deben imitar el oro, y posteriormente se policroma y se ferretea.

Su origen está en el sur de la Península ibérica bajo el dominio árabe. Los árabes introdujeron tanto la elaborada técnica del curtido de las pieles como el trabajo más artesanal y artístico de la piel ya curtida, extendiendo su influencia a toda la Península.

El vocablo "guadamecí" tiene su origen árabe, viene de la palabra árabe Wad´almasir equivalente a cuero trabajado y decorado y que tradicionalmente se ha considerado que procede la ciudad norteafricana de Ghadamés, donde ya en época medieval eran famosos sus cueros.

Mas adelante fueron los moriscos y mudejares, herederos de las viejas tradiciones árabes, sus principales productores. Por su carácter estético se emplea como revestimiento de paredes, frontales de altar, pinturas ,alfombras ,joyeros, biombos, etc. En España, los diferentes estilos artísticos incorporaron en sus obras sobre piel la serenidad y geometría de la decoración árabe del guadamecí desde el Siglo XII hasta el XV y desde el barroco al neoclásico. Se han conservado muy pocos ejemplares de los Siglos XIV y XV todos ellos con motivos de clara tradición árabe.

Los Siglos XVI, XVII, XVIII fueron los siglos de esplendor de estas obras. El trabajador en la piel era considerado como un aristócrata entre los de su gremio. El guadamecí se convirtió en símbolo de riqueza en muchas casas.

El arte del cordobán y guadamecí continuó su esplendor hasta finales del Siglo XVIII. Entonces debido a una serie de factores entró en declive y se olvidó. La calidad de la piel bajo debido a que se buscaban mayores rendimientos económicos. También la industrialización del tejido provocó la sustitución de revestimientos de cuero en las paredes por revestimientos textiles que permitían una mayor variedad de diseños y colores. Otro hecho que llevó al declive fue la aparición en Japón de revestimientos murales de papel imitando los guadamecíes. Estos revestimientos de papel los fue sustituyendo, y a través de este hecho podemos considerar los guadamecíes como el primer antecedente de papel pintado actual.