Dos historias de amor, dos diseños que enamoran

Dos historias de amor, dos diseños que enamoran

Más allá de la conocidísima leyenda sobre el amor de Abd Al-Rahman III y Azahara, para quien dicen levantó la ciudad y cubrió su colina de almendros, mucho más allá... Córdoba nos regala historias reales de amores que trascendieron e inspiraron.

En este mes marcado por el 14 de febrero, compartimos esa inspiración y dos historias que nuestro taller transformó en los diseños Aurora y Wallada.

Aurora, La Gran Señora.

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Corre el año 961 y un nuevo califa se alza en el esplendor de Al-Ándalus. Al-Hakem II, de 46 años, hereda la ciudad más radiante y poderosa de occidente y con ella el harén de su padre. Al-Hakem instruido patrocinador de las artes y la literatura, aún no tenía descendencia, circunstancia delicada para la dinastía Omeya.

La belleza efímera poco le interesó y las mujeres de su harén pasaban a sus ojos casi inadvertidas… Todas menos Subh (Aurora), una esclava de apenas 20 años traída del norte, instruida y amante de las letras como él, que supo enamorarlo con sus dotes de cantora y poetisa.

Él le permitió todas las licencias y la llamó en la intimidad Yafar, nombre masculino debido al juego íntimo de ambos ya que ella solía vestir como hombre. Aurora, fue colmada de caprichos y en apenas un año le daría el primogénito al califa.

Subh recibió entonces el título de Sayyida al-Kubra, la Gran Señora y tres años después, daría a luz al futuro califa Hixam II. El amor de Al-Hakam II por su favorita Aurora aumentó y así lo mandó grabar en blancos marfiles.

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La historia haría de ella una mujer poderosa e influyente en Al-Andalus incluso después de la muerte de su califa. Fue regente durante la minoría de edad de su hijo el califa Hixam II y su poder, sagacidad y belleza enamoraron entonces al ambicioso Almanzor, mando militar y de confianza de la propia Aurora. Durante un tiempo, hasta la traición de Almanzor, ambos amantes dirigieron la suerte de Al-Andalus, pero esa es otra historia...

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“Aún grabado tú en mis pupilas”, Wallada.

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Este es uno de los poemas escritos por la princesa Wallada, dedicado a su amor más profundo. La hija del penúltimo califa Omeya, vivió la desintegración de Al-Ándalus, forjando su independiente personalidad, libre y descarada, interesada en ser dueña de su vida.

La muerte sin heredero de su padre, el califa Muhammad III, la hizo rica y poderosa, fundando una escuela para mujeres. Capaz de discutir de igual a igual con los mejores políticos y filósofos, Wallada paseó su belleza por las calles de Córdoba sin velo y con sus versos bordados en las muselinas de sus ropas.

Enloqueció a poetas y visires, pero fue Ibn Zaydum quien la amó en secreto, regalándole versos anónimos y libros, conquistando primero su intelecto para después entrar en su corazón.

Juntos vivieron una larga historia de amor, reflejada en versos recíprocos, inicialmente apasionados y tras la traición del poeta despachados y arrepentidos. Un amor que dejó versos escritos en piedra. Wallada murió sin perdonarle en 1091, pero tampoco le olvidó dejándole estos versos: “Espérame cuando apunta la oscuridad, pues opino que la noche es más encubridora de secretos…”

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